martes, 8 de abril de 2008

III. La identidad de las ánimas

Para aquella comitiva tan divertida como la muerte la noche aún estaba por acabar de nacer.

Cada una de aquellas cabecitas dejaba caer, de cuando en cuando, un pequeño suspiro, una leve sonrisa, un temblor en sus labios. Y solo perceptibles por ellos mismos. Todos y cada uno de ellos estaban atravesando una pequeña crisis existencial. No había facultades que enseñaran a expresar sentimientos tan encontrados como saberlo todo de otra persona sin recordar siquiera el color de sus ojos, el olor de su piel. Igual de difícil que lidiar con nombres que, si bien evocaban paz de espíritu o respeto al golpe de lectura, dejar escapar silabas por la garganta resultaba, llegando al extremo, sobrecogedor.

Tal vez por eso evitaban llamarse los unos a los otros y se daban órdenes divertidas, generalizadas, evocadoras como sus nombres de letras. Y eso fue lo que hizo Ed. Expunctor cuando decidió que ya era hora de dar la vuelta. Había intentado desenredarse del cirio encendido, la sábana y el grupo de almas en pena penita pena que llevaba por las calles de su estío infantil, pero en silencio sentenció para sí mismo que, dado que no portaba llave alguna, había dejado la puerta de casa abierta.

Mem señaló, mientras tomaba aire al deshacerse de su mortaja de pega, la endiablada cantidad de horas que llevaban sin probar bocado, algo en lo que, si bien algunos no parecían darle importancia, no dejaba de tener razón. A lo lejos refulgía el desahuciado neón plastificado de una repostería panificadora. Algo ilógico en sí mismo, dada la ausencia de electricidad en el pueblo entero. Sin duda era extraño pero, al igual que tantas veces aquella noche, ninguno dijo nada. No sería sino el principio de una larga lista de sucesos que gozarían del privilegio del absurdo.

Y nada mejor que un tentempié para la Santa Compaña.

Jony, Arenas y Ed comenzaron a juntar monedas sueltas mientras el resto les sostenía los cirios encendidos. Dark Sunrise espetó, tan autoritaria como segura de lo que estaba diciendo, que no se podía permitir el apagar aquellos cirios. Ni ella ni ninguno de los demás. Formáronse así dos grupúsculos siniestros: un coro de cabezas altas que recogía las almas vibrantes de las llamas y el coro de cabezas bajas que juntaban monedas de níquel y cobre para poder optar a una cena relativamente decente.

Habían vuelto ya a la casita de Ed. Expunctor cuando Ícaro ya estaba tomándole el pelo por haberse dejado la puerta abierta. A su lado, recogida la sabana a modo de toga, Prometeo devoraba el último bocado de su pizza fría. Tras ellos, Duckland sonreía mirando el techo de la habitación mientras escuchaba la retahíla de apocalípticas maldiciones de Dark Sunrise contra Chufowsky, quien había apagado su vela a golpe de pulgar. Por detrás llegaban Jony y Mem, que iban comentando las cualidades de las llamas encendidas para guiar a los espíritus errantes por el más allá y el más acá. Arenas sonreía detrás, silenciosa y absorta.

Los fantasmas se resistían a abandonar sus sabanas. Cualquiera podía suponer que era una rudimentaria forma de máscara socializadora, un escudo protector que hacía olvidar por un segundo lo raro de poner voz a las palabras mil veces leídas. Con sábanas y todo, la mayoría seguía acariciando pareces y dobleces mientras Ed y Chufowsky intentaban encontrar vasos sobre los que dejar las velas encendidas.

Prometeo sugirió volver fuera, concretamente a la arena de la playa y, una vez allí, contar historias de terror. Ícaro levantaba los dedos índices y todos sabían por qué. Nada mejor que un oriundo gallego para contar las mejores historias de terror. Pero pronto la idea fue desestimada. Arenas pronunció una palabra que volcó el parlamento a su favor. Tinieblas. Podían jugar a las tinieblas.

Si alguno no sabía lo que era decidió permanecer callado. Quien sí lo sabía bien era Duckland, que parecía saber una alternativa al juego del escondite tenebroso que, al parecer, incluía acabar sin ropa alguna. Aquello, obviamente, provocó sonrisas generalizadas, que era lo máximo que pretendía aquel comentario.

Arenas lo explicó. Alguien, elegido al azar, debería buscar en la oscuridad de la estancia a cualquiera de los asistentes. Cuando lo tuviera bajo sus garras, debía adivinar de quién se trataba por el tacto, pues el juego, ya fuera en la variante que fuera, prohibía palabra alguna.

Eso presentaba una gran dificultad. ¿Cómo saber de quién son estas mejillas si, aunque hablase, no podría reconocerle? Mem brilló. Ya que tampoco tenían pleno conocimiento de sus voces, la presa debería recitar como buenamente le fuera posible un fragmento de su último post para que el captor pudiera adivinar de quién se trataba.

Se hizo el silencio. Unanimidad concertada. Aquello era complicado. Algunos contaban con la ventaja de que ya se conocían. Otros prefirieron hacer uso de sus facultades para el camuflaje. Y finalmente y pese a las réplicas y rezongas de Dark Sunrise, puesto que nuevamente le había tocado ser la primera cazadora, decidieron apagar hasta la última llama. Y después, el silencio. Pequeños suspiros, leves sonrisas, temblor de labios y, por qué no decirlo, una pequeña punzada en cada uno de los diez estómagos que muchos podrían decir que, en su mayoría, todas se parecían bastante al miedo.

Espera, ¿diez?


8 comentarios:

Chufowski dijo...

esto se está poniendo muy interesante..que ganas de leer la siguient entrega..

Thedarksunrise dijo...

Querida Duckland: ¿pero puedo palpar donde yo quiera? Ains, al final nos van a colocar el blog en contenidos inapropiados xDDD Muy buena tu historia. Me encantó el final :) a ver qué nos cuenta el siguiente personaje! Besisssss

Nuevo Icaro dijo...

Me ha gustado mucho, pero eso de jugar al escondite sin ropa y en la oscuridad es cuanto menos peligroso
y al... ¡DARK! ¡Lo que estas palpando no es mi mejilla! XDDD.

prometeo dijo...

Querida Duckland, tu relato me ha parecido sencillamente fantástico. Estoy seguro que cualquiera que lea nuestros blogs no le costaría reconocernos sin ropa. Somos verbo,sin más. Me encanta la generalizada ausencia de diálogo. ¿Acaso sabemos hablar, o sólo escribir?
Jony, suerte y al torero...

Chufowski dijo...

jony, nos tienes con el corazón en un puño...dinos algo!!!

¿es posible que esta novela sólo tenga tres entregas?... :-),

seguiremos en standby, bebiendo negra la cerveza p´acordarmen de su pelo.....

prometeo dijo...

El problema es que vamos a coger un resfriado de aúpa de pasarnos una semana entera como dios nos trajo al mundo. Jony por dios, trata de arrancarlo!!

Thedarksunrise dijo...

Yo creo que ya os lo he palpado todo a todos xDDDD Besisss

Jonathan Fernández dijo...

Ya está, ya está... mi capítulo ya está listo. Lo siento, pero una boda es una boda... y para esta hubo que recorrer 630km de ida y otros tantos de vuelta.

Suerte al siguiente !!!