domingo, 27 de julio de 2008

XVIII. Krus y Surk

La primera percepción que tengo después de la colisión es tan solo sonora. Una voz grave y lenta, arrastrada como si saliera de una caverna, dice:

—Mieeerdaaaa... Éeeesteee taaaampoooooco funcioooooonaaaa.

Y otra voz, aguda, veloz, fugitiva, interroga:

—¿Le inyecto? ¿A éste también le inyecto?

Y la voz primera, la grave y lenta, responde:

—Mmmmm... Siiiiií, sí, inyéeeectaleeee... Aaaa veeeer si aguaaaantaaaan loooos sieeeetee cuuuerpos...

Y la voz aguda, la fugitiva, sugiere:

—Podría inyectarles de nuevo a todos, así seguro que no es posible que dejen de funcionar, porque inyecciones dobles ya se sabe que no pecan de escasez, mas no triples, pues triples inyecciones colapsan y luego ya se sabe, ya se sabe...

—Siiiiií, yaaa seee saaaabeee...

—Sí, ya se sabe, y luego pasa lo que tiene que pasar, así mejor solo dos y que sea lo que tenga que ser, que ya se sabe, ya se sabe, sí...

Las voces se turnan. La voz aguda habla a una velocidad frenética, inversamente proporcional a la coherencia de su discurso; la voz grave, indiferente a las contradicciones de la aguda, parece esperar algo.

Dejo de escuchar el monólogo de la voz aguda. Siento algo extraño invadiendo mi cuerpo: se me ha metido un frío extremo en las venas, como si tuviera la sangre refrigerada y mi corazón irradiase un helor ártico.

Mientras experimento la sensación de tener la anatomía atravesada por kilómetros de minúsculos ríos helados, me viene a la memoria la colisión. Me resulta raro haber estado mucho tiempo oyendo las dos voces y no haber pensado en nada más: sólo la imagen del agua fría trae a mi mente el agua del mar y el impacto de la lancha:

Dame veneno que quiero morir, dame veneeeeeeeeeenoooo...

—... antes prefiero la muerte que vivir contigoooo, dame veneno que quiero morir, dame veneeeeeeeeeenoooo...

La canción la empezó a cantar Mem, pero en cuanto vimos cómo se dirigía hacia nosotros, a una velocidad vertiginosa, aquel fueraborda, le seguimos algunos, con palmas incluidas:

Ay, dame veneeeeeeenoooooo...

Y es que no podíamos hacer nada más. Ni siquiera nos dio tiempo a terminar de cantar el estribillo, porque en apenas tres segundos el fueraborda se estrelló contra el barco de Markatwo, y ahí se acaban mis recuerdos: todo se queda a oscuras hasta ahora, cuando al menos hay sonidos: sonidos metálicos, asépticos, plásticos, clínicos, como de bisturís cayendo sobre bandejas de aluminio esterilizadas (clink, clink), como de guantes de látex estrellándose contra un suelo blanco e inmaculado (plof, plof).

Vuelvo a escuchar las dos voces, pero no entiendo lo que dicen porque ahora hablan un idioma que desconozco. Intento levantar los párpados, pero me pesan tanto... También me pesa el resto del cuerpo: ni siquiera puedo mover el dedo meñique, por lo que deduzco que estoy sedado. Aun así, a través de mis párpados se filtra una luz rojiza. Las dos voces se acercan cada vez más a mí. Ahora están a apenas un metro: hablan y oigo sus palabras o lo que sea que pronuncien a mi lado. Me han tocado el pecho. Por lo que parece, ahora me toca a mí. Vuelvo a oír el sonido metálico de los instrumentos cogidos de las bandejas, siento un cosquilleo en mi pecho y algo así como un desfile de hormigas por mis costados.

He visto. Y los he visto. Un dedo frío y pestilente me ha levantado el párpado del ojo derecho y mi vista ha tropezado con dos visiones terroríficas.

La primera: en el techo de la sala he visto reflejados siete cuerpos tumbados sobre camillas. Uno de los cuerpos es el mío, y con él me he encontrado de frente; de los otros seis sólo he distinguido los de Duckland, Chufowski, Mem, Arenas y..., y creo que los otros dos eran dos de los narcos que había en la cueva. Los siete cuerpos inertes, con el pecho abierto como un libro de sangre.

La segunda: dos seres absolutamente iguales, evidentemente no humanos: con alrededor de un metro y medio de altura, su cuerpo me ha parecido recubierto de escamas de color rojo intenso, pero lo que con más claridad y nitidez he visto han sido sus cabezas, unas cabezas repletas de ojos: ojos pequeños, grandes, diminutos, enormes, minúsculos; ojos de todos los tamaños, sólo ojos y más ojos. Me ha producido una sensación de angustia inconmensurable, porque he sentido que todos esos ojos no sólo están viendo absolutamente todo lo que hay en la sala en la que estamos, sino que algunos de esos ojos también podían ver lo que hay dentro de mi cabeza.

Vuelvo a quedarme a oscuras. Me pregunto cómo hablarán estas criaturas: sólo he visto ojos, ninguna boca. Me pregunto dónde diablos estamos. Se me ocurre que quizá esto sea el infierno. Quizá morimos en aquella colisión... Pero no, no podemos estar muertos: la muerte es el final, y esto no ha hecho más que empezar. A no ser que la muerte sea el principio...

Hablan de nuevo las criaturas, y las entiendo.

—Esto ya está, ya está —dice la de la voz aguda—, seguro que ya podemos extraerles sus bilis.

—Paaacieeenciaaaa, Surrrrk, paaaacieeeeenciaaaa —replica la de la voz grave. Surk debe de ser el nombre de la de la voz aguda.

—Pero es que ya está, Krus, es que ya está, sólo tenemos que meterles ahí dentro los succionadores y mira, enseguida la tenemos envasada —apremia Surk. Krus debe de ser, entonces, el nombre del de la voz grave y lenta—. No podemos perder tiempo, no podemos, no, ya sabes, ya sabes que nos pagan por el material que recolectemos, no por el tiempo que empleamos en conseguirlo: no por el tiempo, sino por la materia: materia sí, tiempo no.

—Surrrk, nooooo seeeas peeeeesaaaaado, noo lo seas.

—No lo soy, Krus, no lo soy, ya sabes que no.

—Siiii nooo eestá el tieeempooo suuficieentee een eel cueeerpo y eeeen contaaacto coon eel aaaairee a laa veeeez, noooo seeeraaaá deee caaaaliiiiidaaaad óoptiiimaaaa y nooo noos paagaaraaán loooo miiiiiismooo.

—Tienes razón, Surk, tienes razón, ya lo sé, lo sé, lo sé.

No he escuchado pasos alejándose, pero las voces sí se han alejado. Ahora todo aquí está en silencio. ¿También habrán escuchado los demás todo lo que yo he escuchado, o estarán más sedados que yo? ¿Y Prometeo, Dark, Ícaro, Jony y Markatwo? ¿Estarán en otra sala en nuestras mismas condiciones? Vuelvo a preguntarme si esto es el infierno, pero esta vez me reconforta pensar que, si esto es el infierno, al menos ya puedo mover, aunque sea un movimiento mínimo, el dedo meñique de mi mano derecha. Me cuesta horrores, pero puedo levantarlo unos centímetros. Cuando cae, la yema golpea contra la superficie de la camilla, y su tacto me produce repulsión, porque según vi debería ser metálica, pero según toco no lo es: su superficie es rugosa y pegajosa.

Me viene a la mente la imagen de una lengua y un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Intento levantar el párpado y, ahora sí, consigo subirlo lo justo para poder ver a través de las sombras de mis pestañas. Siete camillas, siete cuerpos con los pechos abiertos como armarios de dos puertas. Me parece distinguir una extraña maquinaria junto a cada camilla. Me centro en mí. Reflejado en el techo, me veo sobre esta camilla que tiene un tacto de lengua. Estoy pálido, las cuencas de los ojos amoratadas, el pecho abierto: he ahí mis costillas, he ahí mis órganos. Consigo levantar completamente el párpado, pero se me vuelve a caer: no puedo mantenerlo abierto. Intento subirlo otra vez, pero me resulta imposible. Aunque me produce una repulsión infinita, no dejo de mover el dedo sobre la superficie de la camilla. Sigo intentando levantar de nuevo el párpado. No puedo, pero advierto que voy adquiriendo movilidad en los dedos de la mano. Sin embargo, pasa el tiempo y, aunque puedo mover los cinco dedos de la mano derecha, me resulta imposible mover el brazo: parece estar adherido a la superficie de la lengua-camilla.

* * * * *

Salió a la orilla de la playa tosiendo, golpeándose el pecho y echando gran parte del agua que había tragado. Enseguida se recompuso y se giró: se puso la mano sobre los ojos a modo de visera y oteó el horizonte buscando a sus amigos de aventura. Los putos narcos locos se habían estrellado contra al barco, y aquello había sido un infierno. No entendió porqué algunos de sus compañeros se habían puesto a cantar Dame veneno, pero él empezó a gritarles que saltaran y buceasen el tiempo que pudieran, y en su salto arrastró con él a dos o a tres.

Jony ya estaba en la orilla, boqueando como un pez fuera del agua, Ícaro venía nadando a dura penas hacia ellos, junto a Darkie, y a unos cincuenta metros había un cuerpo flotando, pero faltaban otros cinco que no conseguía ver. Se lanzó al mar y nadó con todas su fuerzas, alcanzó aquel cuerpo, que era el de Prometeo, y lo arrastró a la orilla, donde con los primeros masajes cardíacos vomitó toda el agua que había tragado.

Después de salvarle la vida a Prometeo, Markatwo se volvió a poner de pie, volvió a llevar la mano derecha a modo de visera sobre sus ojos y siguió oteando aquellas aguas del Mediterráneo. Jony, Prometeo, Ícaro y Dark hicieron lo mismo, pero, tras diez minutos dejándose los ojos en el horizonte sin ver nada, desistieron. Nada: ni siquiera los restos de los barcos. El mar estaba en calma y sobre su superficie no flotaba ni un mísero trozo de madera.

* * * * *

Regresan las voces. Surk y Krus vuelven, pero hablan de nuevo un idioma ininteligible. Pasan unos minutos. Ahora siento sus voces junto a mí, y noto cómo me meten algo en el hígado, algo fino, quizá un punzón, no, no es un punzón: es un tubo para extraer la bilis. Oigo la succión del líquido, y a Surk diciendo:

—Ya está, ya está, ya lo tenemos todo. Vamos a tirarlos y buscamos más, sí, vamos a buscar más, tíralos, Krus, tíralos.

—Peerooo aantees deebeemoooos reecoompooneerlooos, Surrrrk, deebeemooos reeecoompooneeerlooos, poorqueeee deeeentroooo deee uuun tiiiiiiieeempoooo poodreeeemooos reeutiiliiiizarloos, Surrrrk, poodreeemoos reeutiiliiiizaarloos.

Mientras pronuncia la última palabra, consigo levantar de nuevo un poco el párpado, justo en el momento preciso para ver simultáneamente cómo Krus pronuncia la última palabra, lo que es importante porque veo cómo en su cabeza llena de ojos hay dos ojos excepcionalmente grandes que no son ojos, sino bocas por las que salen las palabras; simultáneamente veo cómo Krus levanta un brazo rojo y lleno de escamas y lleva a su boca un vaso metálico, mientras que con el otro brazo escamado acciona una palanca aparentemente metálica que hay en el techo, e inmediatamente veo cómo el techo se abre y cae una lluvia de brazos mecánicos sobre mi cuerpo, momento en el que instintivamente cierro el poco párpado que había levantado: me siento como un niño pequeño al que están vistiendo, pero huelo a hueso quemado, a carne chamuscada, a pelo quemado, y escucho:

—Dentro de treinta y seis horas estaremos sobre el punto de abandono —le dice Krus a Surk. Su voz sigue siendo grave, pero ya no la arrastra—. Dejemos aquí los cuerpos y descansemos, que bien lo merecemos, Surk. Por fin puedo hablar bien, bendita bilis. He llegado a temer por mi vida, pero al fin tenemos reservas para nosotros y material para vender. Celebrémoslo, Surk. En treinta y seis horas nos desharemos de los cuerpos y buscaremos material nuevo, pero no olvides fichar a estos siete, porque ya sabes lo que pasa cuando no fichamos...

—Sí, sí, Krus, ya sé, ya sé qué pasa...

—... y no quiero perder el tiempo más, así que no te olvides de...

Las voces se alejan de nuevo. Me siento cansadísimo, pero no quiero dormirme...

4 comentarios:

Nuevo Ícaro dijo...

Joer, que paranoia, pero mola, he de decir que me sorprendió bastante este texto y me ha dejado un regusto extraño pero satisfactorio, un gran post y que además desvela mucho acerca de ti. Confiesa ¿Vienes del espacio exterior? ¿Has sido abducido en alguna ocasión? No sssssseeee, mossssssqueanteeeee. Saludos.

Anónimo dijo...

pufff.maaaaareee miiiiiaaa.
jajaaja!! Y ahora que??
yo me voy de aqui.

mem.

Jonathan Fernández dijo...

bueno... me voy a la Playa, con el portatil y una copia de estos textos, obviamente. Así que supongo que el lunes tendréis mi relato publicado.

un saludo

Thedarksunrise dijo...

Yo quiero de eso que fumáis vosotrosss!!! Besisss