jueves, 8 de mayo de 2008

XII. Acechando

—E..., es..., eso..., es... —comenzó a tartamudear Arenas.

—Eso es... —tragó saliva—, es el astrolabio que había en el camarote del Inercia —sentenció Chufowski.

—Eso es... una última broma del cachondo de Markatwo —dijo por fin Ed. Expunctor, y casi al mismo tiempo ocho suspiros a medio contener llenaron el aire—. Se lo llevaremos a su barco y, si tanto interés tenéis, él estará encantado de mostraros cómo se usa.

La labor de recogida fue titánica, y todos se afanaron en levantar muebles, pegar cerámicas y recoger cera del suelo hasta que la casa pareció un hogar y el último suvenir, de Segovia, encajó pieza sobre pieza excepto la última, que debió de llevársela el diablo. Todo se hizo en el mayor silencio posible, pues a cada bombeo de corazón respondía raudo un homólogo dentro de la cabeza, y durante algo más de media hora convivieron con los efectos de los excesos. La única broma que se escuchó durante esos minutos fue “Agua para todos”, ya que se esquilmaban las reservas de líquidos en la casa. Todos bebían hasta llenarse, pues tenían el cuerpo deshidratado en estas horas de resaca.

Una vez hubieron recogido el estropicio y con Ed. aún no del todo convencido, se fueron sentando en el suelo del salón, hasta que, sin haberlo premeditado, todos estuvieron juntos, ocupando la alfombra, el sofá y las sillas. Serios, callados y con las miradas perdidas estuvieron todos durante unos eternos 20 segundos..., hasta que las sonrisas empezaron a aflorar, las miradas de soslayo rotaban de unos rojos a otros y acabaron diciéndose unos a otros sin palabras: Vaya tela, chavales.

En un tono muy bajo, desprendiéndose del silencio, llegó la voz de Prometeo haciéndoles saber que, si bien ya no era necesario llevar el fuego a los hombres, seguía siendo necesario llevarles comida, y no era cuestión de dejar a Markatwo solo con la barbacoa. Era de rigor ayudarle a preparar la carne y pasar antes por alguna tienda (de esas que no tienen horario) para llevar al menos algo de beber y unos hielos. Todo muy sano y sin alcohol, y el mismo de “Agua para todos” retornó a los tópicos con un “Ya no vuelvo a beber” que despejó las brumas de las cabezas allí reunidas, devolviendo la alegría y el buen humor al grupo.

Así pues se dirigieron a casa del vecino por el camino más largo, dando la vuelta a la manzana para pasar por la tienda y desde allí, siguiendo el olor, hasta donde estaba Markatwo, con unas pinzas en una mano y un delantal que decía I (corazón) Barbacoa.

Pasaron un rato muy divertido, descansando sobre el césped, recreándose en la brisa del mar, escuchando las olas a lo lejos y, a fin de cuentas, pasando el día como realmente Ed. Expunctor había planeado. Surgieron conversaciones personales, se conocieron mejor e hicieron algunos planes de futuro, incluyendo algún proyecto que llevarían a cabo entre todos en Internet, aunque, como diría Michael Ende, esa es una historia que debe ser contada en otra ocasión.

Markatwo, que se había integrado en el grupo discretamente pero con confianza, les propuso salir en su barco:

—Y de paso os enseño a manejar “eso” —dijo señalando el astrolabio.

Y así comenzó la que durante años llamarían “La aventura del Inercia”, aunque, por supuesto, el barco no se llamase así y su curioso nombre sea recordado ahora sólo por unos pocos.

Salieron cuando el sol ya no quemaba, después de haber reposado la abundante comida y cuando sus cuerpos ya empezaban a cobrar vida de nuevo, puesto que estos últimos días vivían más de noche. El barco era amplio y, por una vez, todo empezaba a salir bien: nadie se mareó, el mar estaba en calma y la temperatura era agradablemente fresca. A dos millas de la costa Markatwo apagó los motores y comenzaron a navegar a vela contra el viento de lebeche y, felices, acompañaron a gritos a Arenas, que en la proa ya estaba declamando: “La luna en el mar riela / en la lona gime el viento...”.

Tal vez fuera el destino, quizás la Parca, pero las diez personas del navío estaban condenadas, o tal vez premiadas, a vivir una aventura, pues en la oscuridad de las rocas costeras el reflejo verde del visor de unos prismáticos nocturnos se dibujaba sobre otras caras, que medían la distancia con precisión y no tenían buenas intenciones. Mantenían el equilibrio sobre la zodiac negra tres sombras con muy mala leche:

—Compadres, ya está bueno de tanta pendejada, arranquemos el motor, les rompemos la madre a esos cachorros y nos llevamos lo que hemos venido a buscar.

—Ya cállate, ¿es que no ves que son más que nosotros? Vamos a hacer las cosas tal como dijo el patrón que las hiciéramos, y deja de hacerte el gallito que ya no estamos en Sinaloa. Aquí la cárcel se cumple y no habrá mordida que te salve.

—Vale, wey... Dejen ya de discutir, yo también quiero parranda y tengo la escuadra cargada, pero vamos a hacer las cosas con calma. Hazte cuenta que hemos venido a trabajar, ¿oíste? A trabajar, y no a pasarlo bien. Vamos a quitarles la carga a esos traficantes aficionados, y que sepan que no se puede contrabandear en las aguas del patrón. Va a haber sangría, a estos nos los llevamos. Lo juro por Jesús Valverde... —dijo el último mientras besaba ritualmente su Smith & Wesson.

Siguieron al navío amparándose en las rocas y calas, oscuros los semblantes y oscuras las miradas, antagonistas del navío de velas blancas.

11 comentarios:

Chufowski dijo...

vaya wey esto se pone muy interesante, bravo Jony

Jonathan Fernández dijo...

Qué rapidez Chufowski... ¡Lo acabo de publicar! Casi no te ha podido dar tiempo a leerlo. Impresionante. :p

En fin... es un poco un capitulo de enlace. No hay mucha acción pero espero que sea ameno y que ayude a enlazar con otra aventura.

Un saludo a todos.

Nuevo Ícaro dijo...

JAJAJAJA,¿Qué enlace? Es cojonudo, me encantan los mexicalis, De verdad, me encanta. Tengo una amiga mejicana, que se prepare a ser vacilada.
Fantástico.

Chufowksi dijo...

,jony,me iba al sobre cuando lo vi publicado..y lo leí, después del de ed. este se me hizo brevísimo...a ver que se le ocurre al siguiente...ha sido un enlace muy interesante..
saludos.

Thedarksunrise dijo...

Jony... esto... tú ves muchos culebrones de sobremesa, verdad?? Noto muy documentado esos conceptos latinoamericanos xDDD Me ha gustado mucho el giro que has dado a la historia, claro que no sé yo si lo de meternos con el narcotráfico internacional... ains. Buen trabajo, querido.

Jonathan Fernández dijo...

Gracias a todos. La idea es que nosotros no somos narcos, pero ellos no lo saben y piensan que sí :D

@Darksunrise: Jajaja no, no veo nunca culebrones y casi no veo la tele, pero algo sí que me he documentado... porque es bastante dificil no mezclar palabras de México con ... que te digo yo... Venezolanas, por ejemplo.

Un saludo a todos!

Ed. Expunctor dijo...

Mijito, pos qué te voy a decir, cuate... Ándale y a ver qué nos pasa con los chilangos cabrones...

Ed. Expunctor dijo...

----Mem, nos tienes que decir si te enganchas ya y escribes el próximo capítulo o si todavía te esperas a la próxima ronda, en cuyo caso lo escribirá Nuevo Ícaro.

Duckland dijo...

Virgencica del amor hermoso...
¿Qué le digo yo a mi jefe cuando vuelva de las vacaciones en la costa? Porque de narcotraficantes pseudocolombianos no le puedo hablar... Wey!!
Y tampoco sé yo si la Smith&Wesson es lo más apropiado para el mar... Lo suyo sería alguna híbrida, de fragmentación o algún AK-47 de contrabando... ;)

Muy bueno, Jony!!

Jonathan Fernández dijo...

@Duckland: Jajajaja dile que estuviste de parranda!! En cuanto a la elección del armamento, la verdad es que no se me venían a la mente más nombres de armas... y el tiempo también "acechaba"

Estoy deseando leer la siguiente parte.

Anónimo dijo...

Ei,ei,ei..engancho aunque esto es insuperable,bueno lo intento,espero no seais unos duros criticos conmigo.
Despues de esto,que?
puf.

mem.