jueves, 29 de mayo de 2008

XV. Apnea

Cuando las pupilas de los diez se fueron dilatando, alcanzaron a adivinar cada uno de los recodos de la cueva, o debo decir del fortín, desde el que los narcos mexicanos controlaban una parte importante, por no decir la totalidad, del hampa de la cuenca del Segura, así como de toda la costa de Murcia. El interior, pobremente iluminado por una hendidura cenital de la cueva, se encontraba circundado por pasarelas metálicas ancladas a las paredes de la cavidad. En ellas, a intervalos regulares, sobresalían unas plataformas a modo de garita, desde las cuales hombres provistos de armas automáticas vigilaban la entrada del convoy. Con vagos gestos, saludaban con desdén a sus compañeros que, desde la lancha, hacían ostensorios ademanes, como diciendo: “Fijaos en el regalito que os traemos”. Al final de la angosta oquedad, una especie de pantalán albergaba dos lanchas rápidas con cuatro motores fueraborda, lo que hacía presumir que la infraestructura de los narcos no era nada casual, ni nada improvisado.

La estupefacción del grupo, que escrutaba anonadado la inexpugnable fortaleza, se rompió de repente con el acuoso sonido de una zambullida. De inmediato, los narcos de la lancha comenzaron a pegar gritos casi ininteligibles, buscando en el agua la razón de tal sonido. Unas potentísimas luces provenientes de unos proyectores instalados en el techo dejaron momentáneamente sin visión al sorprendido grupo.

—Mem, ¿dónde está Chufowski? —preguntó nerviosamente Nuevo Ícaro.

—Lo ha hecho —respondió Mem, desolada y con la mirada perdida en el infinito de la ahora deslumbrante cueva.

—¿A qué te refieres? —inquirió Jony apresuradamente.

—¡Se ha tirado, joder! Yo le dije que no, que él solo no podría. Pero desoyó mis súplicas...

—Esto se pone muy feo, queridos. Muy feo... —profetizó Dark.

—De ésta no salimos... —sentenció, desolada, Duckland.

De pronto, una ráfaga de metralletas ensordeció los oídos del asustado grupo, que se encogió en la popa de la lancha, formando un conjunto elemental y compacto en el que apenas quedaba un átomo de espacio que pudiera contener el terror que los atenazaba.

—¡Pinche cabrón! —gritó uno de los narcos de la lancha—. Por mis muertos que éste no sale vivo de la balasera —dijo con rabia en el momento en que una nueva ráfaga de fuego salpicaba de agua la calma mar que solaba la cueva.

Efectivamente, Chufowski había decidido jugarse la vida para salvar el incierto destino del grupo. En su juventud había sido tres veces campeón regional de apnea de la Costa Cándida de la Rioja, y uno de sus hobbies era descubrir nuevas cavidades marinas que abundaban por los cársticos acantilados de Haro. Él sabía que en su mano, y sólo en su mano, se encontraba la posibilidad de buscar ayuda. Lo que nunca pudo suponer eran las nefastas consecuencias que tan noble acción redentora iban a acarrear a los que, desde el exterior de la cueva, era capaz de otear en la lejanía.

—Vaya, parese que los chicos se creen muy astutos. Han desidido chingarla, güey. Ustedes lo han querido. A ver, tú. Levántate —dijo dirigiéndose al que ocasionalmente cerraba la piña—. Te estoy hablando, güey. No me digas que te has quedado sordo...

Con aire funeral, Markatwo se levantó con dificultad, ya que sus piernas, como las de todos, se habían quedado fuertemente contracturadas por el temor a la situación desencadenada. El narco lo zarandeó fuertemente y, cegado por la ira, incrustó su Smith & Wesson en el pecho del indefenso amigo.

—¡Pinches cabrones! ¡Acaban de matar a su amigo! —y ésta fue la última palabra pronunciada antes que de un sordo disparo impactase contra el pecho de Markatwo, que cayó por la borda y se hundió en el agua.

Las gotas de sangre nacidas del disparo salpicaron a la piña que observaba incrédula el atroz desenlace. Arenas, con las manos tapando su rostro, fue bruscamente desgajada del grupo, y un encolerizado Ed recibió un fuerte impacto de uno de los hombres al tratar de evitar que ella fuese la siguiente...

—Bien, güey —dijo el hombre de la Smith & Wesson, con Arenas sujeta por el cuello—. Sé que estás oyendo. Así que lo mejor para todos es que dejes de chingarme y regreses a donde nunca debiste escapar. ¡Voy a contar hasta dies, y si no te veo dentro de esta lancha despídete de tu amiguita, cabrón!

Pero Chufowski no le podía oír, y nadaba con todas sus fuerzas en busca de ayuda para la salvación de sus amigos, sin saber que justamente esta loable acción era la que podría acabar con todos.

—Uno..., dos..., tres...

12 comentarios:

Ed. Expunctor dijo...

La cosa se está poniendo muy chunga, hermanos...

Duckland dijo...

Joder, qué tensión...

De todas formas, es la segunda vez que alguien alude a Chuck Norris... Pero no quiero señalar. Muy bueno, en serio, mucho.

Por cierto, lo primero que he hecho ha sido contar cuantos puestos me quedan hasta tener que coger yo las riendas... qué sudores!!

Jonathan Fernández dijo...

@Duckland: Jejejje pues avisadme cuando me toque porque yo me pierdo!!!

Que chungo lo veo chavales... estos pinches cada vez son más. A ver como salimos de esta, porque salir salimos seguro.

Pas pa tós!

Anónimo dijo...

Estamos chingados, güei...
Como si lo estuviera viviendo, me gusta eso de ser protagonista.XDDD.
Real como la vida misma.

mem.

Chufowski dijo...

muy bueno prometeo..me gusta eso de ser el héroe.. :-)

Nuevo Ícaro dijo...

¡La ostia! ¿Pero tú, donde nos ha metido? Tú si que eres macabro, ya te dije una vez que te pasases a las sombras.
Hermano, no sabes cuanto me alegra tu vuelta. Alcemos nuestras copas y brindemos con tequila.

prometeo dijo...

Chufowski, en tus manos está nuestro destino. O no. Coraje no te ha faltado majo, pero en menuda nos has metido :P
Que daño han hecho los finales tipo Batman de mi niñez. A ver como nos saca de esto el siguiente inerte.
Nuevo Ícaro, no es macabro, pero es que me habéis dejado el barco entrando en una cueva oscura llena de narcos, joer. Que nos podía pasar? Que nos dieran una fiesta sorpresa de cumpleaños?
Mem, chiquilla, somos protagonistas de nuestras propias vidas, te parece poco?. A mí no.
Jony, tú lo has dicho. Salir salimos. Un secreto... Arenas sabe cómo...
Duckland, así es la inercia vida. Hemos pasado de la paranoia y lo sobrenatural, a un episodio cutre mezcla de Corrupción en Miami y Batman.
Gracias por todo Ed, y larga vida a la inercia.

Chufowski dijo...

la siguiente entrega será la de Arenas, no?...confirmarme este extremo porfa...

prometeo dijo...

Exacto, el próximo toro le toca a Arenas. Suerte maestra.

d´Agolada dijo...

Muy buen capítulo, cada vez se pone más interesante.

Jonathan Fernández dijo...

tic tac tic tac ...

Chufowski dijo...

Inercia: Resistencia de los cuerpos para cambiar su estado de reposo o de movimiento sin la intervención de alguna fuerza.

...espero esa fuerza....