sábado, 25 de octubre de 2008

XXI. Welcome home

«No more can they keep us in,
Listen, damn it, we will win.
They see it right, they see it well
But they think this saves us from our hell.»

Metallica

—Los ojos de aquellos seres eran hipnóticos. Yo quería haber llamado a Prometeo y a Ícaro, pero sólo me salió un grito agónico de terror. No eran humanos: por no ser, no eran ni de carne. Parecían hechos de arena mojada, frágiles, casi a punto de deshacerse, pero aquellos ojos... Aquellos ojos decían todo lo contrario: somos indestructibles, decían aquellos ojos romboides, insólitos, extraños. Lo peor, lo que más me desagradó de aquella situación, fue que no tenía ni idea de cuáles eran las intenciones de aquellos engendros arenosos de pelo negro y largo. Cuando los tuve más cerca me di cuenta de que no era pelo, sino algas finas y negras lo que les crecía sobre aquella cabeza semihumana, semianfibia.

»En esos momentos uno no piensa mucho, por eso llamé a Prometeo y a Ícaro, pero la verdad es que no debería haberlos llamado. Ahora estábamos los tres rodeados por aquellas criaturas, que estrecharon su cerco hasta estar tan cerca de nosotros que sus cabellos algosos rozaban nuestras caras y nos causaban arcadas, porque aquello estaba podrido. Había toda una fauna marina entre aquellos cabellos: desde minúsculas estrellas de mar hasta erizos, pasando por cangrejos.

»Tan cerca estaban que los tres nos desmayamos: tan insoportable era aquel olor putrefacto.


* * *


Mientras escuchaba a Markatwo contar cómo los habían capturado a ellos, ella recordaba el momento inmeditamente anterior a cuando fueron interrumpidos por aquella pareja. ¿No se podrían haber perdido un ratito más? Sus labios habían estado tan cerca, tan cálidos, tan dispuestos... Aunque quizá había sido mejor así, pues de lo contrario habrían estado sólos Jony y ella frente a aquel hombre de enorme corpulencia y cabellos largos y negros. En realidad, ahora sabía que no era un hombre: cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos, que se abrazaban como si estuviesen participando en la despedida del fin del mundo, pudieron ver cómo no era pelo ni carne ni ojos lo que tenía: parecía una escultura de arena de ésas que hacen por las playas algunos artistas, y por ese lado era algo cómico. Sin embargo, las algas que crecían en su cabeza estaban vivas: olían a podrido, pero estaban vivas, se movían como si aún las meciesen las corrientes marinas. Y aquellos ojos... Como decía Markatwo, eran hipnóticos, pero a ella le parecieron diminutas pantallas de plasma en las que se veían signos crípticos, trazos sensuales, figuras atávicas cuya sucesión y movimiento parecían..., no: eran una nana de cuna que los mecía, como si flotasen a la deriva sobre las corrientes marinas, y los dejó durmiendo. Y ahora, sin saber cómo, estaban allí, otra vez allí, en medio del océano.


* * *


—Pues no sé dónde estábamos, troncos —dice Ed—, pero aquello parecía una fábrica abandonada, algún lugar donde se empaquetaba alguna mercancía...

—No, no era una fábrica —lo interrumpe Duckland—. A mí me recordó a uno de los hangares en los que alguna vez Mulder y Scully tuvieron que reunirse con...

— ¡Con el Fumador! —exclama Arenas—. Y con Cassandra, cuando estaban esperando que llegasen los alienígenas para llevarse a sus familias y colonizar la tierra, y entonces...

—Venga ya, no seáis flipadas —trata de calmarlas Chufowski—. Era una nave industrial destartalada en la que hace muchos años fabricaban y embalaban ladrillos y otros materiales de construcción: lo ponía en las cajas de cartón medio podridas que había sobre los palés de madera.

—Bueeeeno —conviene Duckland—. Sólo es que me lo recordó...

—Vale, dejaos ya de discutir detalles tontos y contadnos lo que os pasó a vosotros —ataja Jony—. Nosotros nos quedamos durmiendo, ellos se desmayaron, y... ¿Vosotros?

—Pues yo no recuerdo muy bien... —comienza Ed—.

—Joder, pues yo me acuerdo de puta madre —lo interrumpe Duckland—. Aquella zorra no se moría ni a hostias ni a pedradas...

—Que no, Duckland, que no digo que no me acuerde —retoma Ed la palabra— de lo que pasó. Si me dejaras terminar...

—Si es que aún está flipada con la fábrica —interviene Chufowski—. Teníais que haberla visto allí, mirando a todos lados, pensando que Mulder iba a salir en cualquier momento de detrás de...

Claro, joder —lo interrumpe Duckland—, es que yo cuando veo un extraterrestre pues..., qué queréis que os diga, ¡¡pienso en Expediente X, hostias!!

—Bueno, bueno... No sé qué cojones os habrá pasado allí —ataja Prometeo— para que no dejéis de discutir, pero es precisamente lo que queremos saber: qué cojones pasó allí. Así que, Duckland, cállete cinco minutos y que lo cuente Ed.

Ante tal apremio, Duckland frunce el entrecejo, aprieta los labios y se cruza de brazos. Abre la boca, se queda en suspenso unos segundos y vuelve a cerrarla. Saca una de sus manos, le pone forma de pistola y finge pegarle un tiro a Ed, que comienza a contar lo que sucedió en aquella vieja fábrica.

Después de ayudar a Duckland a bajar de donde estaba y de sacar, entre los dos, a Chufowski de debajo de las lonas, me acerqué a aquella criatura que tan pacífica parecía. Poco antes había tocado su cara y había tenido una impresión extraña, una sensación repulsiva: parecía de arena mojada aquel rostro, pero su tacto era acuoso. Más allá de su silueta antropomorfa y femenina, nada tenía de humano. No había boca en su rostro, ni nariz, y sus ojos eran como dos pequeñas pantallas iluminadas débilmente por una luz onírica, irreal, que parecía decir: Somos múltiples e indestructibles somos.

»Cuando me acerqué a ella e iba a preguntarle quién era, una piedra pasó rozándome la cara y se estampó contra la cabeza de la criatura, que reventó como si de un globo de agua se tratara, pero el agua era arena líquida, no sé si me explico, pero me entendéis, ¿no? Llevé mi mano instintivamente a mi oreja y me giré para ver de dónde había salido aquella piedra: vi a Duckland preparando un trozo de ladrillo para tirárselo y le dije que no lo hiciera, pero tiró ése y dos más que destrozaron el cuerpo de la criatura, que se desparramó sobre el suelo de la misma forma que había pasado con su cabeza, desplomándose como una duna de arena. ¿Cómo que no le tire?, me preguntó indignada Duckland. ¿Cómo? Como que ahora no sé quién nos va a decir dónde coño está esta gente, a lo mejor esta cosa lo sab... No terminé la frase porque sentí que el suelo se movía. Cuando miré hacia abajo vi que no era el suelo, sino la arena líquida, espesa, que había derramada sobre él. Yo creo que es mejor que nos vayamos..., dijo Chufowski, pero no nos dio tiempo: los restos de la criatura temblaban, burbujeaban y, de pronto, explosionaron y lo llenaron todo de polvo, de finas partículas de arena flotando en el aire.

»Durante varios minutos no conseguimos ver nada, y cuando pudimos ver nos quedamos de piedra: no una, sino doce criaturas había ahora. Tenían la misma textura, pero cambiaban las formas: siendo o, mejor, pareciendo de arena, había como trozos de ladrillos y de cerámica sobresaliendo de su cuerpo. Era como si aquella criatura, al desparramarse, se hubiera rehecho y multiplicado utilizando los trozos de ladrillo que había esparcidos por el suelo. Por lo demás, como a vosotros, nos rodearon y... pluf, nos despertamos aquí.

Eso, nos despertamos aquí, Ed —salta Duckland—, aquí. Pero esto de aquí no existía, ¿verdad, Ed? Era una alucinación colectiva, ¿no? ¿No era una alucinación? —inquiere, enfática. Pero Ed no responde. Suspira. Mira al techo, a las paredes metálicas, a la puerta cerrada, a aquella estantería tan familiar, llena de moho, algas y mejillones salvajes.

De pronto, todos se callan y escuchan, atentos, los pasos arenosos al otro lado de las paredes metálicas.

Tiene cojones, tíos... —susurra Ícaro, arrastrando las sílabas muy despacio, asintiendo con la cabeza muy lentamente, mirando, a través del ojo de buey, hacia el oscuro horizonte marino—. Estamos otra vez en el Inercia...

3 comentarios:

Thedarksunrise dijo...

Vuelveee a casa vuelveeee por navidad xDDDD

Me encantó tu continuación Ed. Aunque he visto a Duckland muy poco refinada en esta ocasión xDDD

Besissss

Ed. Expunctor dijo...

Muchas gracias, Dark. Duckland está mosqueada, por lo que se ve, con Ed, y viceversa: él porque ella no le hizo caso cuando le dijo que no tirara piedras, y ella porque están en el Inercia, que según dijo Ed en el capítulo XI era un engendro alucinatorio colectivo...

A mí también me ha gustado este volver a casa:

Sweet home Inercia.

Back to Inercia.

Inercia 4ever.

ILoveInercia.

I&Inercia.

Inercia be with you.

Arenas dijo...

Si ya lo decía yo... La Inercia vuelve a su cauce, al cauce originario. Tengo un par de ideas, espero tener tiempo cuando me toque...
Me gusta.
Inercia be with us.